Según la Asociación Peruana de Operadores de Turismo (APOTUR), la demanda internacional de Machu Picchu —producto estrella por excelencia de la oferta turística del Perú— ha registrado una sensible caída del 6,8 % en comparación con el año 2025.

¿Quiénes son los responsables de este golpe al principal atractivo peruano? La inseguridad y la informalidad, esta última reflejada en conflictos legales, paralizaciones, mafias enquistadas en el tráfico ferroviario hacia Machu Picchu, maltrato al turista con larguísimas colas y una absoluta incertidumbre tanto en el sector público como en el privado de la macrorregión sur respecto a su futuro inmediato.
Como es lógico, amplios sectores del turismo internacional que antes tenían al Perú como destino prioritario, ante la rápida difusión de esta imagen negativa, optan por alternativas como Colombia (26,1 %), Costa Rica (25,4 %), Ecuador (20 %) y México (19,8 %). Estos porcentajes reflejan la preferencia por sustituir el producto integral Perú.
La incertidumbre es, hoy por hoy, la única certeza, más aún en un contexto electoral en el que se desconocen las nuevas reglas de juego que podrían imponer un Ejecutivo o un Legislativo que, por tradición, han ignorado el verdadero valor del turismo para la economía nacional.
Muchas personas ajenas al sector turístico se preguntan: ¿por qué focalizar Cusco y Machu Picchu como un asunto de Estado? La respuesta es simple: Cusco, conocido como el “ombligo del mundo” por haber sido el centro político, administrativo y religioso del Imperio inca —el Tahuantinsuyo—, mantiene hoy una vigencia estratégica, ya que de su dinámica dependen, principalmente, regiones como Arequipa y Puno, además de otras zonas vecinas.
En este contexto, la frase “desmachupizar el turismo” cobra relevancia en las reflexiones de dirigentes y autoridades actuales. No se trata de destronar a Machu Picchu como ícono de la oferta turística peruana, sino de desarrollar productos alternativos y complementarios mediante estrategias que eviten la estampida de cancelaciones de paquetes turísticos.
Un ejemplo, según el empresario J. Stoessel, es Choquequirao, la “hermana sagrada de Machu Picchu”, un impresionante complejo arqueológico inca ubicado en la región Cusco, a 3.033 m s. n. m. Sin embargo, su difícil acceso (más de cuatro horas de recorrido) impide, por ahora, integrarlo plenamente como producto sustituto o complementario.
Para Renzo Miranda, especialista en marketing turístico, es imposible desarraigar el “concepto inca”, ya posicionado en la mente del consumidor global. No obstante, sí es viable utilizarlo como ancla para desarrollar destinos complementarios. Para ello, es indispensable generar condiciones adecuadas que permitan comercializarlos sin provocar decepciones.
Y esto no se resuelve únicamente con mayor “Promoción” a través de folletos, afiches o medios tradicionales, hoy en gran medida superados, sino mediante la gestión integral de las otras variables que conforman el marketing moderno.







