Escribe: Jaime Sánchez Parra.
El turismo constituye una de las actividades económicas con mayor capacidad para articular desarrollo productivo, identidad cultural e integración territorial. En un país megadiverso como el Perú, su potencial trasciende la lógica tradicional de actividad de servicios y debe entenderse como una herramienta estratégica de política pública orientada al desarrollo regional sostenible.

Actualmente, el turismo genera alrededor de 1,3 millones de empleos directos e indirectos y aporta aproximadamente el 3% del Producto Bruto Interno nacional. A ello se suma el dinamismo del turismo interno, que moviliza millones de desplazamientos anuales y sostiene economías locales vinculadas al hospedaje, gastronomía, transporte, artesanía y comercio. Estos indicadores evidencian que el turismo no solo genera divisas, sino que también fortalece economías territoriales y contribuye a la cohesión social en múltiples regiones del país.
Sin embargo, el desarrollo turístico peruano continúa altamente concentrado en circuitos específicos, particularmente alrededor de Machu Picchu, lo que genera presiones sobre destinos consolidados y evidencia, al mismo tiempo, el amplio potencial aún subutilizado en diversas regiones del país. El Perú dispone de un patrimonio cultural y natural extraordinariamente diverso distribuido a lo largo de todo su territorio, desde complejos arqueológicos como Chan Chan hasta espacios culturales asociados al Lago Titicaca, pasando por la biodiversidad amazónica y el valor histórico de numerosas ciudades intermedias que pueden constituirse en nodos estratégicos de desarrollo turístico descentralizado.
En este contexto, la cultura y el folclore representan ventajas comparativas estratégicas en el escenario del turismo contemporáneo, caracterizado por la búsqueda de experiencias auténticas vinculadas a tradiciones vivas e identidad territorial. Expresiones como la Fiesta de la Virgen de la Candelaria demuestran cómo el patrimonio cultural puede convertirse en un factor dinamizador de economías regionales y en un mecanismo de fortalecimiento del sentido de pertenencia comunitaria.
No obstante, el principal desafío estructural que enfrenta actualmente el desarrollo turístico regional en el país es la seguridad ciudadana. La experiencia internacional demuestra que ningún destino logra consolidarse como competitivo si no garantiza condiciones básicas de seguridad para el visitante. La percepción de riesgo impacta directamente en la decisión de viaje, en la permanencia del turista y en la inversión privada vinculada al sector.
En el caso peruano, la inseguridad no solo se expresa en delitos comunes contra visitantes nacionales y extranjeros, sino también en la interrupción recurrente de corredores turísticos estratégicos como consecuencia de conflictos sociales que afectan la transitabilidad hacia destinos regionales. Esta situación genera incertidumbre en operadores turísticos, afecta la reputación internacional del país y debilita la competitividad territorial de regiones con alto potencial turístico.
Frente a este escenario, la seguridad turística debe ser abordada como una política pública territorial articulada entre el Gobierno Nacional, los gobiernos regionales y los gobiernos locales. Asimismo, resulta indispensable fortalecer las capacidades técnicas de los gobiernos regionales y municipales en materia de gestión turística y ordenamiento territorial, promoviendo que la conducción del sector responda a criterios de planificación estratégica antes que a decisiones de carácter exclusivamente político. La profesionalización de la gestión pública subnacional constituye un factor determinante para garantizar sostenibilidad, previsibilidad y confianza en el desarrollo turístico regional.
El desafío del país es claro: transformar el turismo en una verdadera política de desarrollo territorial con enfoque geoestratégico, en la que la seguridad ciudadana se constituya en un eje habilitante del crecimiento económico regional. Si el Perú logra articular su diversidad cultural, su patrimonio histórico y su riqueza natural con condiciones adecuadas de seguridad, accesibilidad y gobernanza territorial, el turismo puede consolidarse como uno de los motores más importantes del desarrollo sostenible, contribuyendo a generar empleo, fortalecer identidades locales e integrar de manera más equilibrada el territorio nacional.
Jaime Edward Sánchez Parra.
Economista, docente universitario con maestría en gestión pública y proyectos de inversión y doctorado en políticas públicas.