Escribe: Armando Espino Moscoso
Se acaba el 2025 y el balance del turismo en Arequipa es, siendo honestos, decepcionante. Más allá de una reducción de impuestos en H&R que no se ha reflejado en precios más bajos ni en mayor afluencia, la región cierra el año sin cambios estructurales, sin estrategia y sin liderazgo claro.

Mientras tanto, Lima se consolida como el gran imán turístico del país, concentrando conectividad, inversión y promoción, y absorbiendo días que antes pertenecían a las regiones. En este contexto, Arequipa enfrenta una disyuntiva urgente: seguir siendo un complemento del Corredor Sur o construir su propia agenda como destino final.
El corredor tradicional ya no alcanza
El circuito Lima–Ica–Arequipa–Puno-Cusco ha perdido fuerza. La autopista a Paracas y multiples vuelos a Cusco, y la posibilidad de visitar el Colca desde Cusco, han relegado a Arequipa a una parada opcional, especialmente para el mercado europeo y norteamericano.
Hoy, la ciudad no es objetivo del viaje para ese mercado.
La oportunidad está al sur
¿Por qué seguir dependiendo que nos incluyan en un circuito desde Lima? Veamos nuestra posibilidad en la frontera Sur.
● Chile aporta alrededor de un millón cien mil turistas al Perú este 2025.
● Tacna recibió cerca de un millón de chilenos por servicios, compras y gastronomía.
● Captar solo el 10% de ese flujo (100,000 visitas) permitiría igualar —o incluso superar— el total de extranjeros que hoy visitan Santa Catalina o el Colca en un año (140,000 turistas).
No es una quimera: es una oportunidad concreta y medible.
El verdadero problema: conectividad y voluntad
Arequipa tiene lo que el turista chileno busca: patrimonio, naturaleza y una gastronomía superior. Lo que no tiene es lo básico: conectividad eficiente y decisión política.
No hay vuelos directos con Tacna o Chile, no existen servicios terrestres directos desde Arica y no hay una estrategia binacional en la que Arequipa participe. Sea falta de visión, desidia institucional o conformismo sectorial provado, no puede seguir igual este 2026.
Dejemos de mirar a Lima esperando ser incluidos en planes ajenos y empecemos a mirar al sur para construir los propios.
Arequipa no necesita permiso para competir; necesita visión, coordinación y coraje.
La pregunta es simple: ¿quiénes se suman?







