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viernes, diciembre 19, 2025

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VINO Y PISCO AREQUIPEÑOS: EL TRAGO AMARGO

La reciente conmemoración del Día del Vino Arequipeño, instaurada mediante el Acuerdo Regional 093-2018-GRA/CR-AREQUIPA, no solo careció de la solemnidad y pertinencia que un sector productivo en crisis requiere, sino que expuso con nitidez la precariedad institucional que atraviesa la industria vitivinícola de la región. En lugar de consolidarse como un espacio de articulación estratégica, el evento terminó convirtiéndose en una muestra elocuente de descoordinación, improvisación y ausencia de liderazgo.

La columna del director

El acto, promovido sin planificación adecuada, reunió a un número reducido de productores, periodistas y curiosos que esperaban algún anuncio relevante o una mínima evidencia de avances sectoriales. No obstante, lo que ofreció la ceremonia fueron presentaciones generales, carentes de visión, que evitaron abordar el deterioro del consumo de vino y pisco arequipeños. Las cifras, por sí solas, revelan la magnitud del problema: mientras Chile registra un consumo per cápita anual de 17 litros de vino, el Perú no alcanza ni 3. En el caso del pisco, la brecha es aún más alarmante, con 2 litros per cápita en Chile frente a apenas 0,3 litros en nuestro país.

A pesar de este escenario, el gerente regional de la Producción, José Luis Morales Charca, acaso más preocupado en la mortandad de camarones que en el consumo de vino y pisco de sus paisanos, condujo el acto con un entusiasmo desconectado de la realidad. Su formación académica, forrada en títulos y diplomas, no se ha traducido en resultados tangibles ni en políticas públicas coherentes para fortalecer la industria vitivinícola local. Esta disociación entre discurso y gestión solo profundiza la percepción de que el sector carece de un liderazgo con competencias efectivas.

El sector privado tampoco queda exento de responsabilidad. El gremio que agrupa a los productores regionales exhibió una marcada debilidad organizativa y una incapacidad para articular acciones estratégicas, lo que se refleja en su ausencia de campañas sostenidas de promoción, asi el día del pisco, del chilcano, pisco sour simplemente son un día más en el calendario, y ello refleja su escasa capacidad de incidencia frente al gobierno regional y municipal, y su desinterés por institucionalizar mecanismos de consumo en espacios oficiales. La falta de cohesión interna se convierte así en un obstáculo estructural que impide cualquier avance significativo. ¿Cómo se pretende promover el consumo masivo si la ciudadanía ve como ajeno al vino y pisco de su identidad regional?

La informalidad añade otro nivel de deterioro: estimaciones no oficiales indican que cerca de la mitad de las microempresas arequipeñas operan sin formalización, condición que afecta, de manera especialmente severa, a los pequeños productores de vino y pisco. Esta situación limita el acceso a mercados, restringe la innovación y perpetúa la precariedad competitiva del sector.

El resultado final es una conmemoración vacía, incapaz de reflejar la importancia cultural, económica y simbólica que el vino y el pisco arequipeños podrían tener. El hecho de que en un evento oficial se haya brindado con jugo de maracuyá en vaso plástico, ajeno a la oferta local simboliza con crudeza el estado actual del sector: una industria que, lejos de celebrar logros, se encuentra atrapada entre la indiferencia institucional, la falta de estrategia y la ausencia de voluntad política. ¡Salud!

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