NUESTRA DEUDA CON CHINA

Nadie mejor que Fernando de Trazegnies Granda, en su monumental obra “En el País de las colinas de Arena” pudo relatar y hacer un análisis jurídico sobre la “importación” de más de cien mil chinos como braceros para la construcción de ferrocarriles, extracción del guano de las Islas; y sobre todo como peones en las haciendas algodoneras. Casi nadie sabe que entre los años 1848 a 1874, el Perú esclavizó vilmente a los hijos de Zhōng guó (nación central o reino del medio), y que con el cuento de necesitar mano de obra, importamos chinos, como si fueran mercaderías de segunda; los transferíamos como letras, los amontonábamos como papas, y encima: Los obligábamos a firmar unos contratos leoninos en un idioma desconocido para ellos y con normas exóticas (el Código Civil de 1852). Nos portamos tan mal con ellos, discriminándolos, haciéndolos ver como un ato de opiómanos, semi-humanos, degenerados, etc.

En las haciendas costeñas imperaba la ley del patrón, y si uno de ellos se escapaba; era el bobo estado de derecho que, en lugar de protegerlos, los devolvía al sátrapa. No tenían derecho a nada, y como siempre en el Perú, hay estas “islas jurídicas” hechos que avergüenzan al rimbombante “Estado Constitucional de Derecho” pero que no quiere responder a eso. Si ahora hay muchos que se llenan la boca hablando de las “modernisisimas tendencias del derecho peruano, envidia de Saturno y Plutón”, en esos viles años, era lo mismo: Alejados de la brutal realidad, pero citando a autores de otras realidades (no hemos cambiado mucho ¿verdad?).

Los “coolies” chinos fueron los que gritando a medio día “Chi-fan, Chi-fan” (comida con arroz) que era un triste arroz, mezclado con todo lo que podían encontrar, crearon lo que es el Chifa actual. Por eso, es que cuando el invasor chileno arrasó con el escuálido Perú, por la culpa de un inservible aliado (Bolivia), fueron los chinos, que enarbolando su bandera amarilla (de guerra) actuaron como quintas columnas, sirviendo al invasor chileno: Se vengaron de tantas atrocidades cometidas por los peruanos. Pero, el tiempo – el gran maestro y restañador de heridas- hizo que el torturado hiciera migas y gigantes fortunas en el país torturador y se integrara a este valle de lágrimas; no en vano muchísimos descendientes de los harapientos coolies de ayer, hoy son brillantes empresarios, y que estoy seguro no maltratan a sus miles de trabajadores peruanos, como nosotros a ellos en el pasado siglo.

Hoy en el año 2016, con motivo del Foro APEC (tan desaprovechado para las provincias con bobas autoridades) y con una China cambiada, y no mucho el “Estado de Derecho” Peruano, tenemos a un socio comercial monumental. El pragmático presidente Ji-Xinping, nos extiende la mano y promete enviarnos sus abundantes capitales; olvida (o no quiere acordarse) de todo lo que hicimos sufrir a sus antepasados. La pregunta es: ¿Cuántos gobiernos regionales, o cuántos municipios aprovecharon su presencia y sus empresarios? Al parecer ellos cambiaron, pero muchas autoridades regionales siguen en el siglo pasado, lleno de mitos, dichos y complejos.

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