CONVERSACION EN LA CATEDRAL.

 

Mario Vargas Llosa, escribió una novela que llevaba éste título, y trataba sobre el Perú político de los años 50. La “Catedral” era una cantina, donde el protagonista de la novela (Zavalita) tiene una sabrosa conversación evocativa. Y al final, cuando toma un desvencijado ómnibus, y al ver la caótica Avenida “La Colmena” en Lima, llena de ambulantes, travestis, huelguistas, etc. Se preguntaba: ¿En qué momento se jodió el Perú? Luego, a los años se hizo un libro en base a ésta pregunta, a la cual 14 intelectuales peruanos trataron de contestar. Vale la pena leerlos.

Pero trasladémonos al Puno de hoy, con el estropicio cometido por los “empresaurios” cerveceros, esos que adoran tanto a la música “chicha”, como al verde billete; y que atentaron gravemente contra la Catedral puneña; bajo la cómplice mirada de todos los funcionarios municipales, y sobre todo la policía nacional, que se quedaron moviendo la cabeza como las tortugas; y los puneños que sufrimos en nuestra tierra, vemos con asombro la demolición de la civilidad, de las tradiciones, y de las buenas costumbres. Ahora, y con este esperpento de gobierno municipal, la música chicha ha demolido a la música puneña; que con el aporte de los maestros Huirse se puso al mismo nivel de la música clásica. Pero hoy, más puede el desmonte. Y lógico, porque como dijo Darwin: Especies similares se acoyuntan, resulta que estos “empresaurios”, tienen ya un antecedente nefasto: Fueron ellos quienes atentaron contra el “Intihuatana” con una Grúa; y soltaron alegremente un par de fajos gordos y no hubo un solo preso. Hoy en Puno, va a pasar lo mismo. Además están cachete con cachete con el Municipio ¿o no?

Lo peor es que nadie se da cuenta del mensaje dado por el Municipio de Puno (sobre todo del ovejuno pleno), que al supuesto “patrimonio cultural” como es la Catedral, hay que enrostrarle el trasero de los chicheros, por eso se permitió vilmente que el atrio de la orgullosa catedral puneña, se convirtiera, ya ni siquiera en una cantina; sino más bien en una pollada. Y claro, como el Alcalde Puno es “hermano”, le importa un comino semejante desprecio a un símbolo de una religión que no es la suya, y lo digo yo que soy agnóstico y me precio de ello; pero respeto a quienes profesan alguna fé. Y ojala que mañana o pasado por la culpa del “hermano”, los ultramontanos católicos, en venganza no vayan a orinar frente a los templos adventistas. Por eso, invoco a la población civil a que accione virilmente ante este atropello, y que si tienen algo de glándulas los inciviles Regidores; prolen una Ordenanza para que se prohíba esta clase de “eventos” en la Plaza de Armas, que no solo es un atentado contra los oídos; sino que la convierten en un urinario. Al ver todo este desorden y mal gusto, me hago la misma pregunta que Zavalita se hacía sobre el Perú, pero sobre Puno.

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