MI 11 DE SETIEMBRE

MI 11 DE SETIEMBRE

Escribe: Luis Miguel Pino Ponce
Hace 35 años, cuando yo estaba por cumplir  (como hoy, mi querido sobrino el osito) 17 años, mi padre Don Miguel, cuya amplitud de espíritu y de mente, era demostrada públicamente, hablando y dando cobijo y amistad a cualquiera que le simpatizara, desde los sarracenos del catolicismo (mi abuelo el ultraconservador don Luis Silverio Ponce Ramos), a los curas “modernos” (Como el Obispo Julio Gonzales, el “Hippie”), pues llevó a la recordada casa de – en ese entonces- extramuros de la pequeña ciudad  de Puno, a unos Chilenos, que escapaban de la feroz cacería anticomunista desatada el 11 de setiembre de 1973, por el oscuro y vampiresco General Augusto Pinochet Ugarte, contra don Salvador Allende, el segundo Presidente Socialista de Chile (el Primero, a decir de Luis Alberto Sánchez  en su obra “Visto y Vivido en Chile”, fue don Marmanduque Grove). Pinochet, había sido digitado por la política exterior del gran garrote de los EE.UU., que llevaba adelante a sangre y fuego Richard Nixon, él no paró en disparar a todo lo que en el mundo se movía y tenía color rojo. Ahí está Vietnam- Laos-Camboya, Cuba, Nicaragua, El Salvador, Bolivia. Y como en Chile, los “socialistas” habían llegado al Poder derrotando a los “momios” de la Derecha, como Frei (el padre del contemporáneo Presidente Frei-Ruiz Tagle), pues era como en el Perú, la “izquierda unida”: Un arroz con mango; porque la “Unidad Popular” como se llamaba era un conglomerado de “ultras” como Altamirano, Secretario General del Partido Comunista de Chile, o Volodia Teiltelboim, del Partido de los Trabajadores, y digamos algunos “caviares” o izquierdistas educados como el sibarita, y galante Salvador Allende, cuyos cuatro intentos por ser Presidente llegaron a sacar un chiste político, de que cuando él moriría, le pondrían como epitafio: Aquí Yace el futuro Presidente de Chile.
Pero la verdad es que llegó al Poder, y quiso enfrentarse a la derecha (distinta al liberalismo) rentista y de ampulosos apellidos, secundada  desde los EE.UU. por Nixon, y además por la propia izquierda chilena “cainita”, que desde dentro querían más radicalismo. Entonces, con el auge de las nacionalizaciones, el empoderamiento – hasta armado- de los sindicatos que hacían escapar a las inversiones, generó una inflación y un desabastecimiento; esto a la par de que el Sindicato de Camioneros, organizó una huelga nacional – hoy se sabe financiada por la CIA), pues puso en graves aprietos al gobierno socialista de Chile. Y realmente Allende estaba solo; porque su gran amigo el barbudo Castro, (quien le había regalado la ametralladora que luego usaría para su suicidio), a condición de apoyarlo, le exigía ya no un socialismo educado y con corbatas francesas; sino un comunismo castrista, (una lectura al apasionante libro del Primer embajador de Allende en Cuba Jorge Edwards “Persona Non Grata”, así lo dibuja). Por otro lado, en su propio frente, todos se apuñalaban políticamente, y por el lado de los militares, hasta una Lucía Iriart de Pinochet, dicen que le arrojó trigo a su marido, dándole a conocer que era una “gallina” y a jalones – porque ella era el sargento del general Pinochet- un día lo condujo al dormitorio de sus hijos, y le dijo: “fíjate milico de mierda, mañana no los verás a tus hijos durmiendo, sino muertos y violados por los comunistas”. Pues todo eso, hizo crisis, y un nefasto día 11 de setiembre de 1973, pues se dio el Golpe de Estado, en un país tan democrático y tan apegado a sus instituciones.
Y este golpe  – como el de Videla en la Argentina, o el de Stroessner en Paraguay- fue netamente anti-comunista. Llegaron a fusilar en plena vía pública a cualquiera que se sabía era de tendencia siquiera “progresista”. Llenaron de prisioneros políticos el Estadio Nacional de Chile – por eso estuvo vetado para cualquier evento deportivo- sometieron a bárbaras torturas a cualquier ciudadano que osara al menos reclamar por los derechos humanos, llegando inclusive a cortarle los dedos al gran cantautor chileno Victor Jara, y cuyo arte y mensaje, está lejos de su ideología comunista. El extremismo de Pinochet llegaba al paroxismo anticomunista, a tal extremo que hizo, que se dictara clases en la Universidad con un soldado armado presenciando el dictado, o que a las chicas que vistieran pantalones, pues las desvistieran públicamente. El libro que en 1977, mi amigo Cucho Santisteban me prestara “Chile en la Hoguera”, me aterró y me hizo llorar tan amargamente como cuando estuve en Europa en el campo de concentración de Mauthaussen, donde murieron más de 120,000 personas. Luego, también evoqué la alegría de los chilenitos invitados de Don Miguel, cuando leí, “La historia del Miguel Littin Clandestino en Chile” de Gabriel García Márquez. Aunque las opiniones están bien encontradas en Chile, así lo comprobé personalmente, y con algunas familias se partieron porque por un lado la dictadura arrebató la vida de muchos tíos y tías; pero a otros tíos, el modelo económico de libre mercado instaurado a sangre y fuego por Pinochet, los hizo crecer económicamente; y cuyo modelo hoy, no lo cambian por nada los Chilenos.
El hecho es que, los chilenitos, fueron agazajados por nosotros. No sé si mi hermano Chepe se acordará, porque con él fuimos a comprar algunas otras bebidas para nuestros ocasionales visitantes; pero casi me recuerdo fotográficamente, que en la sala de la casa, mi padre lo abrazaba efusivamente al médico que con su esposa y tres hijos había logrado escapar de la feroz dictadura. Nunca volví a saber de ellos, pero estoy seguro que ese día, supieron ellos, que mi padre no siendo pro-chileno, ni marxista; demostraba la humanidad acrisolada de la que siempre estuvo hecho, y con la cual, pues pudo alguna vez, abrazar al pequeño gran hombre don Alfonso Barrantes, al izquierdista educado Enrique Bernales, Andrés Luna Vargas de la Confederación Campesina del Perú, Javier Diez-Canseco, en ese tiempo con su casaca negra y funeraria, o al risueño y canoso Gustavo Mohme empresario izquierdista y dueño del diario “La República”. O darle la mano, al enjuto Genaro Ledesma Izquieta, o al patriarca comunista Jorge del Prado Chávez; pero también al joven atropellado Alan Gabriel Ludwing García Pérez, o a su elefantiásico Secretario personal Agustín Mantilla. Don Miguel, abrazó a todos, y pudo también alcanzar una bolsa de maná a Alan, o tener en su escritorio el busto del “Ché Guevara”, apesadumbrarse con el magnicidio de Jhon F. Kennedy; salir a gritar en contra del golpe de Estado pro-comunista de Velazco Alvarado el 03 de octubre de 1968; o luego ser el Notario favorito de esa aplanadora de la propiedad privada llamada Dirección de Reforma Agraria en Puno.
Hoy, a los años, debo recordar y recuerdo esos momentos, hoy los evoco; y pienso que hemos sido también parte de la historia, y que Don Miguel, nos supo conducir como el barquero, en toda la tormenta de lo que sufrió América hace 35 años.

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