¿EL MISTERIO PÚBLICO?

Según la tradición judicial española, se dice “De todos camarada, menos del fiscal”. Y vaya que, como siempre tengo que romper tradiciones, porque tengo a muchos amigos fiscales (no camaradas). Y pese a que en muchas oportunidades he criticado al Ministerio Público, porque lamentablemente en su mayor cantidad, son un reducto de jóvenes con incierto futuro, endeble formación profesional, diletante personalidad, timoratos; pero con ganas de hacer dinero rápido. Pero existen otros Fiscales que tienen vocación, y que no podrían ser jueces, ni abogados independientes: Y esos son los que sufren su institución, y son probablemente quienes más sienten las críticas sobre la actuación cuestionada la más de las veces de sus colegas.
Es que el “modelo garantista”, del que semanalmente se organizan cantidad de seminarios, congresos, charlas; y creo hasta poemas, tiende al fracaso cuando no se tiene vocación para desempeñar cargos que exigen responsabilidad y compromiso con su institución. Y es en el reclutamiento donde falla el modelo. Las leyes están, las instituciones también, pero ¿Qué hacemos cuando a un fiscal le tiembla todo el cuerpo para formular acusación directa? ¿Qué hace el sistema, cuando a otro Fiscal se le cae la ropa interior antes de pedir prisión preventiva, en contra de un conocido político, ex – alcalde, o ex – presidente regional? ¿A quién recurrimos, cuando en plena diligencia los familiares del procesado, toman el juzgado, o amenazan al fiscal, y éste en lugar de denunciarlos; se escapa? O lo peor: Cuando llega el fin de semana y no se encuentra a los Fiscales, porque “están en su maestría”, en sus “cursos de actualización” o simplemente cuando “han pedido licencia por enfermedad”. ¿Cuál es el mensaje que se le da a la sociedad?: Que la policía -que hoy es la carne del sándwich- hace su trabajo, detiene al delincuente; pero basta que llegue el Fiscal para que: “en aplicación de las tendencias modernas que iluminan al Derecho Peruano”, simplemente disponga su inmediata liberación. Entonces es mejor la “justicia popular”, la que personalmente me repugna.
No se puede tener éxito en el desarrollo institucional, si no se tiene el elemento humano capaz, si no se tiene personas comprometidas con su institución y con la imagen que deben de proyectar. En Estados Unidos, en Chile; son los fiscales los verdaderos alfiles del derecho punitivo, y hacen hasta películas de su lucha constante contra la criminalidad, y sobre todo de su entrega completa a la causa de la justicia y contra los delincuentes. Y la pregunta cae de cajón: ¿Podríamos hacer nosotros una película sobre la labor fiscal peruana? ¿Qué cosa podríamos mostrar?. De manera que hacer misas, o presentarse con falditas apretadas, o ternitos azules, cuando las papas queman en “Tia María”, es risible, inútil y lamentable, porque no hemos visto a un solo Fiscal, que accione contra el terrorismo que disfrazado de “protestas populares” hace pasto de todos los fuegos, contra los derechos humanos de gente humilde que no sabe a quién recurrir en defensa de sus derechos; y pensar que el artículo primero de su Ley Orgánica, dice que el Ministerio Público es el defensor de la legalidad y de los derechos ciudadanos. Por eso me pregunto: Si es o no un misterio público, cuando se les requiere en los casos como Ilave, el Aymarazo, Conga, Tía María. ¿Se acciona y se consigue sanción contra los vándalos? O simplemente se esconden tras sus teorías y separatas “para la Academia de la Magistratura”? ¡Cuánta razón tuvo Gonzales Prada! cuando denostaba de muchos que “saben más de bibliotecas, que de campos; y de libros, más que de hombres y mujeres de carne y hueso”.

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