LA OTRA FIESTA QUE NO QUEREMOS VER

La declaratoria bien merecida de Patrimonio inmaterial de la Humanidad a la Festividad nuestra, puneña y peruana (por más que les arda a los “originarios” bolivianos), si bien es cierto debe ser materia de orgullo y satisfacción; debe ser también de grave responsabilidad y mayor compromiso.

En primer lugar: No se puede seguir pensando con la mentalidad de una fiesta comunitaria, con las mismas costumbres provincianas de improvisación. Esta fiesta ya ha desbordado la limitada capacidad organizativa de la dirigencia de la Federación Folklórica; se requiere urgentemente recurrir a expertos en magnos eventos. Aquí cerca, están los de RioTur, o BahiaTursa, de nuestro vecino Brasil, quienes pueden canalizar el nunca bien premiado esfuerzo de los puneños; ya es hora de que dejemos la mentalidad provinciana y estrecha y nos proyectemos al mundo.

Eso de que es una “festividad religiosa”, ya ha quedado detrás de la realidad, digan lo que digan; o me envíen a un exorcista. No se pueden cerrar los ojos a la realidad; es una manifestación económica, donde todas las leyes de la economía de mercado se cumplen, más que las Ordenanzas Municipales.

Si hubiera una corporación que compre, o sea contratada para la organización y promoción de la Festividad; seguramente no estaría variando cada año de rutas, lugares y ubicación. Esa anarquía y voluntarismo evita que la promoción sea planificada y se piense en un mercado internacional, por eso es que el turismo receptivo dedicado solamente para esta festividad, no exista hasta ahora. Y no existen, como en el caso de los Carnavales de Brasil, Venecia, o el MardiGrass de New Orleáns; vuelos especiales para esas fechas. Los austríacos cuando lograron que la bella Linz, fuera declarada como la Capital Cultural de Europa; hasta subvencionaron el costo de los vuelos; y no por buena gentes o por un tema “social” o “popular”, sino porque entendieron que el importe de la subvención, sería devuelto con creces por el volumen de consumo que harían los visitantes. Y todo eso lo sé, porque lo he visto.

Y algo muy importante: Creo que se debe de hacer entender a las principales beneficiadas con ésta fiesta, como son las empresas embotelladoras y de golosinas; que en lugar de donar su mercadería; sería bueno que otorguen incentivos económicos a los trabajadores de limpieza. Ellos son los que soportan todo el peso del vacilón de días de felicidad, desenfreno y botadero de deshechos. Y una vez más, esta gestión municipal supuestamente de extracción “popular y originaria”, vuelve a atentar contra estos trabajadores que tienen sueldos de hambre, y turnos devastadores (desde las 12 de la noche). Y no me digan que todo lo que aquí expreso, no tiene sentido, o porque no bailo de “jefe de osos” no tengo derecho a opinar; porque, por si no lo saben, o no lo quieren reconocer los divertidos dirigentes de la Federación Folklorica, yo organicé el primer concurso para la Señorita Folklor, a impulso de mi recordado padre; y quien premió en efectivo, fue la Compañía de Seguros Pacífico-Suiza, siendo en el apretado salón del Club Kuntur. Y de todo esto, no he reclamado ni autoría, y menos me peleo para que me den invitaciones para aburridas ceremonias con piscos sours con cañíta (una vergüenza). Porque quien quiere contribuir con algo, lo hace sin esperar reconocimientos, que al menos a mí, poco o nada me interesan.

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