ENTRE LOS PODRIDOS, CONGELADOS E INCENDIARIOS

Jorge Basadre, en su obra “Promesa de una vida peruana”, como colofón decía que la promesa de la vida peruana sentida con tanta abnegación por nuestros próceres ha sido estafada por los podridos, congelados e incendiarios. “Los Podridos quieren que este País sea una chacra, los congelados un páramo y los incendiarios una gigantesca fogata.” Puno, lamentablemente está siguiendo casi al milímetro esta triste descripción.

 

Y todos, en una u otra forma somos culpables. Porque o bien hemos dejado hacer, y hemos dejado pasar a cada delincuente encaramado en cuanta representación local o regional hubo. Hemos dejado pasar a todos los podridos, a todos los que, cual hombres-corcho, siempre estuvieron medrando del poder. Antes eran Velazquistas, luego fujimoristas, posteriormente aparecieron en cuanto movimiento regional hubo.

 

Esos podridos, se dedicaron a saquear las arcas del presupuesto puneño. Y cual hez en el desagüe, siempre flotan; son incapaces de tener personalidad política: Son las prostitutas políticas. No importa quien esté en el poder, ellos son gobiernistas, no es raro encontrar en sus domicilios banderas y proclamas de todos los partidos; lo sacan de acuerdo a la ocasión. La ideología, es algo tan gaseoso y sin utilidad; para ellos lo importante es estar con el poder, medrar de él; y aparecer en la foto.

 

Pero no solo ellos existen en Puno, sino también los otros tantos: Los congelados, a quienes por no quererse pelear con nadie, dejan hacer, dejan pasar; no intervienen en el debate, prefieren cualquier club social o deportivo, pero evitan por todos los medios fijar posiciones claras y tajantes. Coleccionar cargos sociales inútiles, es su pasión; pero nunca será el defender un ideal, porque éste último requiere tomar posiciones claras. Para ellos, Puno debe ser como un páramo, ideal para vivir en las ilusiones; pero nunca sentirlo como problema y posibilidad. Y no se puede hacer tortilla sin romper los huevos, y eso de mirar con resignación a lo que venga, o meter cuatro padrenuestros a la Virgen, resulta siendo más bien el responso de un entierro. Estos puneños congelados, prefieren la paz de los cementerios, antes que el fragor de un combate donde se sepa contra quienes uno se enfrenta, y que es lo que defiende.

 

La admonición descriptiva que hizo el gran tacneño Basadre, sobre los incendiarios, cae como anillo al dedo con la coyuntura puneña de hoy. Nunca lo imaginaron nuestros abuelos, ni en sus peores pesadillas que un desmonte anárquico pusiera a Puno contra las cuerdas. Ellos creen, cual Nerón andino, que es mejor incendiar todo, destruir todo; para construir todo de nuevo. Eso no es nuevo; eso lo pensó también Pol-Pot en Camboya, Mao Tse Tung, con su “Revolución Cultural”, y Lenin con la “Nueva Economía Política”. El Führer Hitler, dijo en su “Mein Kampf” que una concepción del mundo debería ser intolerante. En Puno, hay algunos que practican un racismo al revés, son intolerantes; y quieren extirpar todo lo occidental ¿coincidencia? Pero hoy todos ellos están muertos, y sus ideologías están con los últimos estertores; por eso algunos sociólogos pretenden ser los viagras políticos; quieren levantar a un muerto: El comunismo, en todas sus variantes.

 

Ante este grave panorama, que tiende a envilecerse, y a abrir otro infierno más -aparte de los nueve de los que hablaba el italiano Dante Alighieri- necesitamos dejar atavismos, complejos; y desidia: Los verdaderos puneñistas, no podemos quedarnos como los árabes en la puerta de su tienda, para ver pasar el cadáver de su enemigo. Es un deber hoy, asumir responsabilidad, y comprometernos en la política. De lo contrario, las futuras generaciones, nos enjuiciarán como a Boabdill que lloraba como mujer, lo que no pudo defender como hombre.

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