PASION POR EL TURISMO

Altos, rubios con un lenguaje incomprensible, voz ronca, ademanes bruscos, fueron mis primeras impresiones cuando hice mi primer  contacto con turistas (llamados comúnmente “gringos”) hace ya 36 años en el hotel de mi padre. En aquellos años la industria turística en el altiplano era incipiente pero la buena voluntad, vocación de servicio y sentido común compensaban de alguna forma la falta de infraestructura de servicios. Puno era una ciudad de paso obligado y en muchos casos un fastidio permanecer aquí por los sempiternos soroche y helada. La basura y los cacos apenas existían. La vida nocturna igual.

 

Poco a poco los empresarios que osaron internarse en el mundillo turístico supieron conquistar el mercado, literalmente a machete, sudor y lágrimas combatiendo a entidades que lejos de propiciar su desarrollo se dedicaron a sembrar de maleza, pantano y fieras los senderos de la jungla empresarial. Después de azarosas décadas Puno ha logrado ser posicionado como destino turístico, gracias al esfuerzo de empresarios visionarios. Asi es la vida del turismo, dura, esclavizadora, incomprendida a veces pero satisfactoria también.

 

El turismo exige sacrificar navidades, cumpleaños, días festivos, pero la tranquilidad de corazones y espíritus de servicio no tienen precio sinó mucho valor. Un saludo y abrazo a la generación de los 60,70 y 80´s, a los presentes y a los que ya no están, a mis paisanos de Taquile, Ccotos, Karina, Anapia. Un homenaje al mozo, cuartelero, la recepcionista, el chofer de bus, al gerente del Hotel, al sacrificado guía, al agente de viajes, también al estudiante y futuro empresario de turismo que sacan fuerzas desde recónditos lugares para hacer de éste el sector bandera de Puno.

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