EL HIPOCRITA CAPITALISMO PUNEÑO

Hace 100 antes de que yo naciera, Jhon Stuart Mill, escribió en su obra “Sobre la libertad” (On Liberty) que una conciencia de masas, anula la individualidad; y crea individuos sojuzgados. En Puno, normalmente se tiene temor a la diferenciación, a la singularidad, al estilo propio; es como si fuera una afrenta. Y eso viene desde la comunidad campesina, donde se anula la individualidad, y económicamente – que es desde donde debemos analizar- es tratar de igualar a todos en la pobreza. Se ha llegado al colmo de que en Taquile, se hagan “turnos” para recibir a los turistas, desanimando a quienes quieren ofrecer mejores servicios – aunque sea baños privados, no “comunales”- ; y todo porque en su concepción de comunismo primitivo, pues el flujo turístico debe de beneficiarle tanto al desordenado, sucio, falto de iniciativa y de criterio; como al que se preocupa por ser mejor cada día. Es como si en Puno, pues los hoteles se turnaran por recibir pasajeros, y no importaría el gusto o la calidad exigida. Como pueden darse cuenta una economía de mercado, no puede coexistir con esas costumbres arcaicas.

Pero ¿a qué viene todo esto? Que al puneño no le gusta definirse. Cree en lo profundo de su ser en la economía de mercado, por eso triunfan en Tacna, Arequipa, Lima (Gamarra y Unicachi) pero jamás lo puede decir en público; porque de lo contrario, la gente “lo va a mirar mal, como un defensor de los ricos”.  Además la propia iglesia les repite en sus aburridos sermones que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico al reino de los cielos (aunque el Banco del Vaticano no sea precisamente un ejemplo de pobreza). Y semejante estupidez, hace que muchos empresarios puneños, hagan lo posible por pasar desapercibidos y hasta nunca ser señalados como exitosos: Preferimos siempre aparecer con “oncesito nomás”, y refundirnos en lo más profundo de la masa, en lugar de distinguirnos; es mejor pasar de humilde.

Pero resulta que para sus matrimonios, fiestas comunales, o “cacharparis”, lo que más se muestra es un derroche absoluto de inacabables fortunas; y cuya demostración pública muy pocas veces las he visto, al menos de esa manera en Estados Unidos o en Europa. Si a estos millonarios puneños, les dices porque no tienen valor agregado en sus domicilios, y que en lugar de pasar “alferado” pues deberían de cambiar la clásica casa puneña “sin tarrajear – con puerta de fierro grande- y baño debajo de las gradas”; pues te van a contestar que no, porque tiene que hacer caja para la ”ofrenda a la Virgen”.

Los empresarios puneños, nunca se pronuncian en contra de la difícil coyuntura política, y así prefirieron ser el pasto ante la aplanadora del “aymarazo”. Por eso, ante semejante grado de pusilanimidad, tuve que ser  yo, el que hizo el pronunciamiento que felizmente leyó Rosa María Palacios en la televisión capitalina. Nuestros empresarios puneños, que no tienen solo un par de millones, sino muchos más, pero prefieren siempre el perfil bajo; me hacen recordar a aquellos judíos en la época nazi, que antes de luchar prefirieron negociar.

Pero mucho cuidado, porque el mismo Hitler decía que la tendencia a conformarse con medidas anodinas constituye el síntoma de la decadencia interna, a la cual seguirá tarde o temprano el desastre nacional. Por eso, y en esta hora de la morralla de descuajeringados candidatos que se nos presentan, se necesita que el empresario haga sentirse, de viva voz y cuerpo presente; de lo contrario vamos a tener otros cuatro años de cacería a la inversión privada, de constante agresión a las inversiones, por parte del Gobierno Regional y de las matas de comunismo arcaico, que normalmente son los Municipios. Necesitamos empresarios beligerantes y con glándulas, para que en el futuro no sean como Boadbill que lloró como mujer, lo que como hombre no supo defender.

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