ENTRE GAGO Y OMONTE: ¿CUAL ES PEOR?

ENTRE GAGO Y OMONTE: ¿CUAL ES PEOR?

 

Por un lado, tenemos a una provinciana huanuqueña y seguramente exitosa en su vida privada; y que tentó con éxito una aventura política con un político provinciano, de grandes taras: Alejandro Toledo y su combi política llamada “Perú Posible”. Carmen Omonte logró una curul, pero no olvidó para nada su pasado empresarial exitoso y envidiable. Lamentablemente – la culpa no es de ella, sino del sistema- no tuvo, ni tiene la remota idea de la pirámide kelseniana, de la jerarquía de normas, de las prohibiciones constitucionales; y lo peor: Ignora sus funciones y tampoco le podemos pedir que conozca la Constitución Política del Estado, además ¿cuántos congresistas han leído siquiera sus Dni´s?. Por eso es que ella ante la contundencia de lo demostrado, de su incompatibilidad entre ser empresaria minera con su cargo, pues ha contestado ingenuamente que “ha consultado con abogados y le han dicho que no hay problema”. Claro, pero lo que olvida Carmencita (que es tan bonita como burrita) es que lo menos que podía hacer ella que supuestamente es la que las hace las leyes, es leerlas; pero eso es pedirle peras al olmo, porque ahora los cargos electivos no se ganan, se compran.

Por otro lado, está el ubicuo y televisivo fujimorista Julio Gagó, dueño y factótum de “Jammsa” y “Copy Depot”, que además lo ha dicho orondamente: Hace negocios con el Estado como cualquier hijo de vecino; y como lo hicieron a tambor batiente cuàntos empresarios, “empresaurios” y “ayayeros” de Fujimori. Esto me hace recordar a Borges cuando decía: Para muchos argentinos robarle al Estado no es un delito, porque es impersonal. Y claro para muchos peruanos seguro que también, y si no le roban hacen grandes negocios con el Estado. Y según ellos, no le roban; pero usar de un cargo, de influencias y de presencias obligantes ¿no es acaso torcer la voluntad de uno de los contratantes, en beneficio de uno y en perjuicio de otros?¿No hemos visto en Puno, usar el cargo de Alcalde para conseguir una condonación millonaria, comprar casa en Cayma a nombre de familiares, usar materiales del Municipio para levantar antenas de radio y televisión?

Lamentablemente volvemos a lo mismo: En el Perú de hoy, la política es un negocio más, como arriesgar capital en una mina o vender departamentos, o fotocopiadoras; uno invierte para ganar ¿o no?. Por eso es que hoy, cual Banco de Inversión o “cuy mágico” existen la mar de candidatos: Todos ávidos por invertir. Porque el dinero que se invierta en las campañas, mañana se recuperará con las “ilicitaciones”, con la venta de puestos, y con las licencias y concesiones.

Por eso, es que no se quiere cambiar la ley electoral, por eso es que se busca cualquier subterfugio para mantener intereses privados en la cosa pública; por eso es que para los congresistas las leyes son de cumplimiento flexible; por eso estamos como estamos, y todo indica que va a ser más peligroso cruzarse con un congresista que con un delincuente común.

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