EL SAGRADO PUKINA K’OTA O MAMA K’OTA

EL SAGRADO PUKINA K’OTA O MAMA K’OTA GÉNESIS DE UN GRAN IMPERIO

Enclavado en el corazón de los Andes como una joya preciosa se muestra majestuosa y generosa el Titikaka de los sueños, el Titikaka de los mitos y leyendas, rodeada de impresionantes montañas, de cumbres blancas, venerada por los habitantes del Ande desde tiempos remotos, es el indiscutible escenario de la génesis  de lo que el mundo conoce hoy  como el gran “Imperio Inca”.

La sagrada “Pacarina”  del Titikaka que guarda celosa en sus entrañas el secreto del nacimiento de muchas culturas que habitaron la zona circunlacustre y en ella florecieron mucho antes que los inkas, pérdidas en el oscuro cuadro del olvido va abriendo sus páginas impenetrables a los etnohistoriadores para develar sus secretos más íntimos. Invita a muchos afirmar que solo dioses o extraterrestres superdotados crearon las megalíticas urbes de los Andes, que hasta hoy se muestra como un reto latente a arqueólogos y otros  profesionales para ser descifrada.

Este horizonte mágico del sagrado Titikaka venerado desde tiempos inmemoriales por los hombres del ande, admirada por los visitantes, y es como afirma Jorge Squier ”El Titikaka punto de partida para seguir las huellas de la cultura Inka”.

LA LEYENDA

El más comedido de los cronistas  del siglo XVI, Garcilazo de la Vega, hidalgo por su padre pero inca por su madre la princesa Chipu Ocllo, se  muestra muy intrigado por la leyenda tantas veces  escuchada en el Cusco durante su infancia.

Garcilazo interroga a un noble viejo, su tío inca “sobre las noticias del pasado y el principio de sus reyes, de su antigüedad y de dónde viene la línea del primero de ellos”. El noble personaje que “llora por el fin de los incas y el imperio perdido”.

El cronista mestizo años más tarde repetirá la cuestión del origen de Manko Kápak y de mama Okllo sus antepasados y deducirá que su aparición procede “de una leyenda muy antigua de los KOLLAS, anterior a los incas, al ver que los indios le creían, Manko Kápak, favorecido por la leyenda y como tenía un espiritu inventivo, hizo una profecía dictada por el sol.”

Después, sumido en dudas, concluye: “el primer inca debió ser cualquier indio de buen entendimiento, prudencia y consejo, que comprendió la sencillez de las naciones y sus necesidades. Con este fin fingió que él y su comapñera eran los hijos del Sol y que venían del cielo”. Pero la leyenda cuenta que:

Habiéndose apiadado el Dios Sol del estado en que vivían los hombres, mandó a un hijo y a una hija suya  para que les diesen preceptos y leyes que los obligaran a vivir como hombres de bien. Con este mandato los puso en el lago Titicaca entregándoles una varilla de oro, de media vara de largo y dos dedos de grosor, les ordenó que por donde fuesen trataran de hundirla y que ahí donde se hundiese fundaran una ciudad y un reino.

Manko Kápac y Mama Okllo, que así se llamaban estos hijos del Sol, caminaron durante mucho tiempo hacia el norte, tratando inútilmente de hundir la varilla. La leyenda cuenta, que al fin llegaron a un sitio llamado Pacaritambo, que significa “la posada del amanecer”, donde pasaron la noche, y al día siguiente salieron muy temprano para cumplir con la misión que les había encomendado su padre el Sol, y que ese día la varilla de oro se hundió en el cerro Huanacauri.

Con el corazón lleno de alegría y esperanza, Manko Kápak dijo a su hermana y mujer “En este valle manda nuestro padre Sol que paremos y hagamos nuestro asiento y morada para cumplir su voluntad. Por tanto, conviene que cada uno convoque y atraiga a esta gente para adoctrinarlos y hacer el bien que nuestro padre nos manda”.

Manko Kápak reunió a los hombres y les enseño los oficios propios del varón, como cultivar la tierra, construir acequias, fabricar tacllas, y hacer calzados. Mama Okllo por su parte, enseño a las mujeres a hilar y tejer el algodón y la lana, coser vestidos con que protegerse de las inclemencias naturales y todos los demás servicios de casa.

“En suma, ninguna cosa que pertenecen a la vida humana dejaron nuestros principes de enseñar a sus primeros vasallos, haciendose el Inka maestro de los varones y la Coya reina y maestra de las mujeres, estos fueron nuestros Inkas y reyes que vinieron en los primeros siglos del mundo, de los cuales descienden los demás reyes que hemos tenido y de estos mismos descendemos nosotros.

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