EL TRABAJO NUESTRO DE CADA DIA

Escribe: Luis Miguel Pino Ponce

 

El día del trabajo, desde hace un buen tiempo atrás ha servido para que los políticos comunistas, esos que nunca crean puestos de trabajo – salvo con dineros del estado cuando están en el Gobierno Regional o en los Municipios- salgan a reclamar “por los derechos laborales pisoteados por el modelo neoliberal”. Y hasta ahora, pese a que ya cayó hace 20 años el Muro de Berlín, se va a morir Fidel Castro; queda el hijito de papá en Corea, está moribundo Chávez y su hijo putativo Evo Morales; pues no se dan cuenta, que si no hay inversión privada, no hay posibilidad de empleo digno. No se dan cuenta, que en esta zona del Ande, el 96% de las empresas son informales, y no tributan, no aparecen en los registros oficiales; y no existen para los alegres funcionarios de la SUNAT. ¿Y algo se hace para incorporarlos a la formalidad? Nada. Se sigue pensando con la mentalidad de empleado público panzón y redomado, que se debe seguir exprimiendo al empresario formal, con “inspecciones” más de envidia que de ley; con acotaciones, para lograr metas; antes que para educar en la tributación. Por eso es que, la política tributaria, antes de perseguir al informal, castiga al formal. Y con esta mentalidad absurda, producto de sus abultados vientres, ha salido ahora el Reglamento de la Ley de Seguridad del Trabajo, que como gran aporte, resulta ahora que no importa que el Gerente de la empresa esté en Miami o en Lima; y la planta en Ananea. Si hay un accidente, debe de responder penalmente. Es decir, la cuadratura del círculo: Se ha creado una nueva figura penal. Ni que decir que todos los empresarios formales están obligados a reportar oficialmente, hasta un tropezón. ¿Y que nos dá el Estado? Nada. Ni seguridad; sino acuérdense lo que hicieron los indígenas aymaras el pasado año, cuando saquearon y defecaron en plena vía pública, y arrasaron cual bestias alocadas todo lo que encontraron a su paso. Ahora, encima, resulta que no hay un solo detenido, ni un solo sol de indemnización; lo peor, es que se ha acotado a muchas de las empresas que perdieron toda su documentación y no se les reconoce las pérdidas: El mundo al revés. Por eso es que toda la frondosa, inútil y boba legislación laboral representa un sobrecosto del 30% a cualquier producto y servicio peruano; y con semejante sobrecosto, nos es imposible competir eficientemente en el mundo. Sin embargo, la China “comunista”, a la cual algunos imbéciles en el medio le rinden pleitesía tienen una bajísima protección laboral. Y no permiten marchas con puñitos en alto, ni alcaldes bobos de chompas sin mangas; los reprimen a balazos. Se requiere urgentemente una legislación laboral y tributaria, hecha para la realidad peruana; no nos sirve de nada la OIT, responde a otras realidades, y a otras mentalidades; pero para esto requerimos de señores Congresistas, no los sajinos que tenemos ahora, que no conocen la Constitución ni por el forro, y menos les vamos a pedir un análisis económico del Derecho.

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