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miércoles, abril 2, 2025

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PLAUTO Y LOS ABOGADOS (EN NUESTRO DÍA)

Luis Miguel Pino Ponce. Abogado

“Homo, homini lupus”  (el hombre es el lobo del hombre) decía Plauto, a quien no citamos mucho los abogados. MI profesión, es una sobre la cual existen la mar de chistes en las redes sociales, es la más prostituida: Por el desmonte de profesionales sin vocación, ni mayores estudios; que debido a las universidades “bamba” se ha vuelto una “segunda especialidad” o colectivizado. Es más, es también la más vituperada e insultada; sin embargo, no quieren reconocer que necesitan de un Abogado antes de nacer (reconocimiento de estado de gestación) hasta después de muerto (la sucesión testada e intestada) Y lo más importante: El abogado ni puede tener horario, porque es como el médico: El conflicto o la enfermedad se presentan en cualquier momento.

Desde luego que, para ser abogado, se debe de tener vocación por el estudio constante. Es la única manera de argumentar, porque para una alegación, no va a recitar lo que dice “el Face” (aunque conociendo a algunos son capaces) Y el ejercicio profesional independiente, es sumamente peligroso. No solo porque el abogado que logra un lanzamiento, remate; o encarcelamiento, es el blanco de cualquier ataque físico o de cualquier insulto. Sino también porque tiene una posición real y crítica del Poder Judicial, Ministerio Público y sobre todo de cómo funcionan dentro del estado de derecho las autoridades y cómo incumplen las leyes. Es el abogado de vocación (a él me refiero, no al resto) el que luego de cualquier batalla legal – que luego se convierte en personal- simplemente se queda solo. El cliente satisfecho, lo único que quiere es no verlo a su abogado. Lógico: Todo juicio supone una tremenda carga psicológica.

En mi profesión, no existe – al menos conmigo- lo que en otras profesiones se llama el “espíritu de cuerpo” es decir la protección a sus colegas. Ahí están los médicos, policías y militares. En mi profesión, clavarse el puñal, es pan de cada día. Y muchas veces viene de personas a quien uno las ha defendido con toda la pasión, y ni un agradecimiento se recibe. Por eso, y para evitar estos sinsabores un buen abogado, no puede regalar su trabajo, pasión y dedicación. Para muchos el costo de una consulta es caro; pero si se compara con la consulta médica, o lo que se paga por una jarra en cualquier local “de eventos sociales” no es alta.

Ahora el abogado independiente, no solo lucha contra la injusticia, sino que como el derecho no es una ciencia exacta, no puede ser preciso en la decisión del Juez, la que puede ser revocada por el Superior, o anulada por la Suprema. Al final el abogado es la carne del sándwich. El patrocinado reclama con justa razón la morosidad en la resolución, y nos chocamos con la pared del Poder Judicial.

Como corolario, solamente puedo decir que en el día del abogado; los que sabemos que la expresión latina puesta en nuestra estrella dice “Orabunt causas melius” (defenderás causas justas) y amamos nuestra profesión, podemos abrazar a nuestros colegas. Al resto que cree que es solo una marca, no sé qué celebrarán.

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