EL OJO CLÍNICO DE ERNESTO ALIAGA PARA LA FOTOGRAFÍA.

puno 29/11/2017

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Un extenso reportaje por un diario nacional cubre parte de la obra y trayectoria de Ernesto Aliaga Montesinos, una de sus facetas es la fotografía. Ernesto ha demostrado en su diario vivir paradójicamente “desvivirse” por ésta pasión que hace ver a su tierra Puno, desde otra perspectiva, la más bonita. Transcribimos a continuación el reportaje completo:

“Las polleras se agitan, el lente capta el movimiento y parecen una colorida pincelada en armonía. La calma la puede transmitir el viento que empuja los botes de vela que surcan el Titicaca cerca del distrito insular de Anapia, en Yunguyo. O el movimiento de la quema de castillos en las vísperas de la más famosa fiesta de febrero en el altiplano peruano.

El fotógrafo puneño Ernesto Aliaga Montesinos ha mirado el paisaje alrededor del lago Titicaca, un espacio que le es familiar desde niño y que redescubre con el lente.

Ha compartido el universo que se agita, cada febrero, en las fiestas en honor a la Virgen de la Candelaria. Aliaga lo ha traducido en diez danzas, las que ha tomado apunte con su cámara.

Fruto de ello son las imágenes que integran la muestra Mágico Lago Titicaca y Fiesta de la Candelaria.

Aliaga es un fotógrafo sui géneris, empezó a exponer su trabajo en 2008 en la ciudad de Puno.

Los hombres tenemos derecho –a veces el deber– de cambiar de vida: Antes de ser fotógrafo interesado en los paisajes y la tradición, Aliaga fue médico veterinario. Hace 13 años se dedica al turismo. Una cámara Leica lo acompaña en sus viajes.

“Estoy haciendo bastantes cosas que no estaban programadas. Estoy haciendo un giro en 180 grados”, afirma.

Dice que esa cámara pequeña le permite camuflarse mejor y pasar inadvertido, lo que buscan los fotógrafos para contaminar menos “el momento”.

Captar el momento

“La magia de la fotografía nos permite estar en ese instante, en ese ‘aquí y ahora’. Porque después no existe más. Un atardecer puede tener un rojo que dura un par de minutos. Tenemos que estar atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor, a veces segundos. Si lo captamos, estamos viendo, si no, ya cambiaron los colores, todo. Las personas que observan, gracias a la fotografía, puedan gozar, a pesar del tiempo y la distancia, del mismo momento mágico”, dice.

Dos años después, la expuso por vez primera en Lima; llegó a la Cancillería. Estuvo en Estados Unidos, para el lanzamiento de La Candelaria en la ciudad de Atlanta.

Cada ojo de fotógrafo es distinto. Aliaga, además, toca cuencos de cristal de cuarzo cuyos sonidos son terapéuticos.

Va por el mundo con sus conciertos de “sanación y armonización”, ya grabó dos álbumes de esta singular música y siempre lo acompaña su cámara fotográfica.

“Soy un trabajador de la luz a través del sonido”, sintetiza su labor Aliaga, de 54 años de edad.

La búsqueda de la paz espiritual fluye –de alguna manera– en las imágenes que capta Aliaga. Hay en ellas búsqueda de la reflexión, aislamiento y de admiración por la naturaleza, siempre teniendo al hombre como espectador. Y todo sucede en el universo mágico alrededor del lago Titicaca”.

 

Fuente: El Peruano.

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