RECUERDOS DE TRANSILVANIA.

Luis Miguel Pino Ponce

Fue Bram Stocker el autor del libro “Drácula”, que tantas veces ha sido llevado a la pantalla, y cuando lo leí evoqué los parajes nada mustios, de los montes Cárpatos y la exótica Transilvania. Por eso, cuando en el año 2013 estuve en Europa, y pese a la oposición inicial de mis suegros, partí hacia Rumanía, en búsqueda del Castillo de Bran (así se llama la ciudad). Pero ya no está alejado de la ciudad, sino dentro del área urbana. Y es un centro turístico de primera, pero claro que, a los turistas el Conde Drácula ya no nos chupa la sangre, sino más succiona las tarjetas de crédito, porque después de haber conocido una gran parte de su precioso Castillo (algunas zonas, como el sótano están restringidas), desembocamos en un Souvenir Shop !Y quien no va a querer comprar algo alusivo! Bien pero estando allí, en Transilvania, me preguntaba ¿Qué de terrorífico pueden tener ciudades tan ordenadas y limpias como Bucarest, Brashov, Bran? Comparadas con las del Sur del Perù (de Lima no hablo, porque avergüenza) que se disputan el primer lugar en caos, suciedad, inseguridad, corrupción generalizada; e improvisación.

Ya me imagino que, si el Castillo del Conde, estaría en Puno; su destino hubiera sido el mismo que el del Lago Titicaca (tambien atractivo mundial no?). El pobre Conde, se hubiera puesto en huelga de sangre; su Castillo no es pestilente como el Lago, y por lo que he visto y disfrutado, a los turistas no los azotan, ni los persiguen como lo que pasò en Mayo del 2011. Y todos los mitos que se han tejido sobre su devoción a la sangre humana, no creo que sean tan ciertos, como la devoción de cierto Alcalde a chupar el diezmo, o a imponer una cuota extraordinaria de 100 soles a cada empleado contratado para “solventar su defensa”. No se quién es más demoníaco: El Conde, que es recordado en Rumanía, como un héroe que defendió a su pueblo (empalando a sus enemigos) o el Alcalde que cobra religiosamente – para eso sí se acuerda de que es “hermano”- el diezmo en cada “ilicitaciòn”.

Desde luego que, mirando la luna, espectacularmente grande en Brashov; evocaba las leyendas de las brujas que alegres volaban montadas en sus escobas. Pero en los Municipios, hay cada bruja, que si son un espanto: Sobre todo que con sus hechizos, encuentran siempre a un bobo, a quien con una movida de cadera, le hace firmar lo que quiera, y con una cruzada de piernas, lo envía por 15 días al Penal. Pero, también existen otros espantos: Los Regidores, quienes en forma convenida, permiten que se chupe, no la sangre; pero si el presupuesto municipal, y celebrando la estupidez llamada “decisión de la Alcaldía”, a cambio de un silvestre puesto de trabajo en el Municipio, para la sobrina, la “trampa”, hermano desempleado; o un viaje pagado con los fondos del Autoavalúo.

También hay gnomos: Esos funcionarios de confianza, panzones, y remolones; cuya devoción a comer salteñas o papas rellenas a media mañana; esos si son espantosos: Porque con su aliento que evoca al averno, “atienden” a los ciudadanos; y lo peor: Amenazan con multarlos o demolerlos. ¿Cuál da más miedo? Por eso, yo que si celebro anualmente el Halloween, como algo evocativo y gracioso como el Carnaval, y me importa un comino lo que digan las 4,500 religiones o 30,000 dioses; pero debo reconocer públicamente, que si algo me asusta, no es el Conde Drácula y sus animalitos; sino son los espantos municipales, esos si me producen pavor: Buu.!

Escriba su comentario No hay comentarios

Comentar con: ó
Videos Ver más

Cargando video...

Sociales Ver más
Chica T&T Ver más
Enlaces
Encuesta
Lo sentimos, por el momento no hay encuestas disponibles.
Suscripción

¿Quieres estar actualizado en noticias de turismo?