EL SONSO DEL CENSO Y LA CHINA TUDELA.

Luis Miguel Pino Ponce

La costumbre de leer “Caretas” la heredé de mi padre, quien como signo de rebeldía contra la dictadura comunista de Velazco, la compraba semanalmente. Es que la revista era un paladín de defensa de la libertad de prensa. Desde su fundadora Doris Gibson, y Enrique Zileri; lucharon como todo buen periodista, con el cerebro y con el arma más terrorífica inventada contra el totalitarismo: La pluma.

Sin embargo, hoy a la mencionada revista, poco le falta para convertirse en una “varieté” de modas del jet-set misio. Muchas veces dije – y lo ratifico- que debajo de un gran árbol no crece otro, sino malezas; y que por eso, los hijos deben de ser la negación dialéctica de los padres: La negación por la superación. Caretas, lamentablemente hoy, dista muchísimo de la lucha contra el poder; pasa mejor como la celestina remunerada. No le gusta mucho el enfrentamiento: Mejor el refinamiento del cheque. Pero de ahí, a que se le quiera vetar a Rafo León (no me cae nada bien, pero justamente por eso defiendo su libertad de disentir) con maniobras viles, como cortarles el avisaje, o condicionar la entrega de cheques a cambio de su cabeza; me parece retroceder a la época de Montesinos.

Los que hemos visto presiones contra ácidas columnas (como ésta) por parte de una Congresista guarapera, un Alcalde excarcelado, y un ridículo Gobernador Regional, sabemos que en lugar de apocarnos, más bien nos elevan; y de pronto se convierten en un “viagra” periodístico, en un motivo para tener más acrimonia. De manera que, el mejor modo de combatir a un ácido comentarista, no es perseguirlo, insultarlo o golpearlo: Sino, no leerlo, no comentarlo y condenarlo al ostracismo de la palabra. Pero como el miedo no es sonso, se revela de forma burra; muy al estilo de los nuevos fujimoristas como Galarreta y su promoción (cuya consecuencia política y lealtad al igual que el yogurt, tienen fecha de vencimiento). Y lógico, la “Meche” Aráoz y su tracalada de funcionarios, diràn “oinc, oinc” seguro que hasta le harán caso, elevando la alicaída lectura de Caretas y la decrépita “China Tudela” a los altares de la lucha por la libertad de expresión. Son tal para cual.

Ahora, visto el sacrificio de muchas damas, que cumpliendo con un deber cívico se inscribieron como empadronadoras, para que otros igual de peruanos conscientes prestáramos todo nuestro apoyo; pero hubo muchos, que no solo demostraron su absoluta incivilidad (borrachos, orinando en las calles, insultando y burlándose del censo) y otros a quienes no les interesa lo que pase en el PERU: El comercio informal siguió como siempre, son parte de la economía sumergida.

Pero lo que es de llamar la atención, es que se perdió la oportunidad de preguntar sobre si el empleo era o no formal, si su empleador cumplía con el pago del sueldo mínimo, si tenía uno o más trabajos; o qué autoridades llegaban a él, o si tenía conocimiento sobre programas de apoyo social. Si había recurrido alguna vez al Ministerio Público o al Poder Judicial, y cuál fue la respuesta. Creo que el silencio del titular del INEI Aníbal (o anìmal) Sánchez, sobre la vil violación a una digna empadronadora, el cuestionable convenio con la Universidad César Vallejo; y las colas para recibir los míseros 50 soles, revela de cuerpo entero la improvisación, y la falta de criterio. La verdad que los peruanos (todos) somos expertos en perder oportunidades. A propósito: Acuña ¿Habrá contestado que “es de una raza distinta”?

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